Novelas

Desde el aire - Díaz Grey Editores (Nueva York, 2012/2014)



Contratapa:

Desde el aire cuenta la historia de dos mujeres que parecen saberlo todo sobre ellas mismas, pero que en realidad no saben casi nada y bucean sus confusiones a lo largo de un relato por momentos oscuro. Ofrece una mirada por completo lúcida e impiadosa acerca de ciertos ritos urbanos donde los personajes desovillan sus neurosis, en una trama narrada desde una voz poderosa e infrecuente dentro de la actual narrativa argentina.

“Una comedia triste y sorpresiva, por momentos sórdida, ligeramente introspectiva, ensamblada a través de las pequeñas tragedias de personajes que bien podrían ser como nosotros. Mariela Ghenadenik -de quien alguna vez se dijera que es el secreto mejor guardado de la llamada Nueva Narrativa Argentina- construye una trama en la que los lectores parecemos mirar las cosas desde afuera -o desde el aire-, sabiendo que en el momento menos pensado podemos caer en picada.” (Félix Bruzzone).


Extracto:

El piso tiembla. La puerta de la jaula sigue con candado. Malena estira el brazo entre los barrotes y con la punta de sus dedos toca una tela, una camisa de hombre, algo con qué abrigarse o usar como sábana entre ella y el piso de la jaula. Cenizas y restos indistinguibles se le pegan al cuerpo, la humedad del hierro la hace tiritar. Acerca la camisa, las imágenes de los hombres de esta noche se mezclan en cada parpadeo. 
Malena se envuelve en la tela, nadie la mirará dormir, ninguno de esos hombres la verá despertar dentro de su camisa. No será ninguna de esas mujeres que remolonea entre las sábanas al amanecer. Al lado suyo no habrá nadie mirando cómo un rayo de luz dibuja formas sobre la piel: rayas, un círculo, otra raya entrecortada que se redondea y entonces el cuerpo dormido es una cebra, un leopardo, un yaguareté, un ser mitológico mitad mujer, mitad ferocidad con heridas de luz blanca repartidas por el cuerpo. 
Malena se acurruca dentro de la jaula, decidida a pasar la noche así; voy a pasar la noche así. Acostada sobre un lado, observa el living en penumbras: botellas y copas rotas, desparramadas sobre las mesas y sillones; el olor a ceniceros repletos y alcohol fermentado se mezcla con el encierro general. Sobre una repisa en la pared distingue las formas de los portarretratos que observó mientras llegaban los clientes: primeros planos de rostros sin importancia, un campo, piletas de agua turquesa, una pareja que no miraba a cámara: ella vestida de novia, él de riguroso traje. Otra en la misma pose, pero la mujer embarazada. 
Se acomoda de un lado, apoya la cabeza sobre el brazo. El resto de una botella gotea con sonidos huecos antes de secarse del todo; la luz de la calle rebota en los espejos y la oscuridad ahora es menos densa.
Antes de cerrar los ojos, vuelve a comprobar que todos se hayan ido.



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