Libro destacado

En su Facebook, Alejandra Laurencich -directora de la balandra- destacó algunos libros, entre ellos, Desde el aire.


"Hay libros que tienen prensa, mucha prensa (merecida o no), libros que uno ve aunque esté distraído, porque se comentan en FB, porque aparecen reseñados en las revistas y los suplementos de cultura, porque los libreros los acomodan en las mesas importantes, al menos durante unos meses (después ya se sabe, todo se recicla, hay que dar lugar a novedades). Bien, esos libros no pasan desapercibidos a nadie que tenga ganas de leer. Muy bien, hoy no voy a hablar de esos libros sino de otros que podrían estar en las mismas condiciones de exhibición, o ser comentados por los críticos habituales de novedades, o por sus mismos autores, si los invitaran a hacerlo en las radios o los canales de televisión. Pueden gustar o no, como cualquier otro libro altamente promocionado, pero lo que pocos podrán negar -y es por eso que quiero mencionarlos- es que están trabajados con esmero y dedicación, dignísimos libros que tienen detrás a un autor con un lenguaje propio, amasado con paciencia y laburo, narradores que en la mayoría de los casos, vienen metiéndole a la literatura hace rato (aunque se trate de un primer libro) y que por esas cuestiones del mercado editorial, quizá no se destacan como merecieran. La lista seguramente es acotada, porque debe haber cientos de libros que no figuran en ella, pero al menos, es un intento de hacer justicia con estos autores y los editores que confiaron en ellos al publicarlos. También con los que habrán sido sus maestros, o con quienes los animaron a publicar estas obras. Además, y por si fuera poco, los libros están muy bien editados, quiero decir, hay cuidado en su gráfica, en su diseño, etc, etc, por tanto, va mi felicitación para autores y sellos editoriales.
El buen marido, cuentos de Marcos Andrés Quelas (editorial Turmalina)
Sillas en la vereda, novela de Cecilia Sorrentino(Alción Editora)
Buscolafelicidad.com, de Laura Massolo (Del Nuevo Extremo)
Trabajos de oficina, cuentos de Ariel Basile (Simurg)
El tajo, segunda novela de Mirta Hortas (Paradiso)
Desde el aire, novela de Mariela Ghenadenik (Colección Larsen)
Zona Ocupada, novela de Marta F. Topel (Acervo Cultural)
Retrato de una mala madre, novela debut de Agustina Fernández (Bärenhaus)"



Reseña de Desde el aire en Sólo tempestad




I like pleasure spiked with pain

and music is my aeroplane

Red hot chili peppers

Por Lucia Álvarez

Supongamos que existe la literatura veraniega en Buenos Aires a 36 grados. Y si existe, nada tendrá que ver con el clima agobiante, casi claustrofóbico que sobrevuela Desde el aire, primera novela de Mariela Ghenadenik.

Primera aparición: Malena, doppelgänger. Chica judía ortodoxa de educación estricta.

Sus dos caras son un espejo invertido del poder. El que ejerce en la oficina como jefa, y al que se somete como prostituta sado en su rol de sumisa. Tras sufrir abusos desde la infancia, sólo encontrará el placer en la humillación y la violencia física.

Segunda aparición: Laura, víctima full time. Contratada por Malena como asistente, es maltratada por su jefa y compañeros de oficina al punto del ridículo. Tiene un amante al que no puede dejar, presa del vacío que siente cada vez que él vuelve a abandonarla. Cree que está condenada a ser “la segunda” en todas sus relaciones. Cuando descubre la cara oculta de Malena, todas las represalias recaen sobre ella.

La clave de Desde el aire está en el ojo relator, que va posándose en distintos ángulos y desde allí va narrando, como una luz intermitente, que sólo necesita hacer foco para tomar envión. Siempre lejos del rol inquisidor. Se limita a describir, comparar, por momentos sobreanaliza y se pierde en divagues visuales. A veces resulta introspectiva al punto del tedio.

El limbo es el escenario fetiche de Ghenadenik. El aire es un no-lugar. Es tiempo suspendido, como el que transcurre en los aviones y los aeropuertos. No hay antes ni después.

Nadie es nada adentro de un avión, nadie hace nada. Desde el aire se ven formas confusas, cosas que no son, que no pueden ser y a la vez suceden.

El guiño al celuloide se refleja también en los pasajes musicalizados con fragmentos de canciones que se cuelan a modo de banda sonora y aparecen como créditos al final. Si Manuel Puig utilizó recursos cinematográficos para narrar desde la palabra escrita, Mariela dirige una cámara despiadada y brutal, que no teme acercarse a sus personajes y exponerlos en su miseria desconsolada, o regodearse en la crueldad más sangrienta.

Malena y Laura se subyugan al castigo. La vejación es el lugar que comparten sin saberlo. A veces apenas separadas por una pared de telo que permea los gritos. Viven una sexualidad que sólo puede ser clandestina, y que no existe más allá de las habitaciones de hotel. El sadomasoquismo y la infidelidad son dos caras de lo prohibido, de lo que no debería ser. De lo que nadie tiene que saber.

Una mujer con lobos hambrientos que le cuelgan del cuerpo no es un ser feroz, es más bien una hembra débil, necesitada de protección y, aunque ella misma se hubiera comprado el tapado, ante el mundo aquel abrigo será siempre el regalo de un hombre que mató un animal para cuidar de su hembra.

Ambas son personajes frágiles. Y esa fragilidad las mimetiza, las vuelve invisibles. Son lo que los demás hacen de ellas. Resurgir del dolor profundo, o ahogarse en él, será la disyuntiva final que deberán atravesar para que ocurra el desdoblamiento.

Si tuviera que elegir una escena, me quedo con la postal de Laura a bordo de un avión, sabiendo que ese espacio no cuenta, pero que cuando vuelva a la tierra podrá volver a ser un playmobil con sentimientos. Parafrasea I carry your heart, de E.E. Cummings, aunque bien podría haber cantado Aeroplane, de Björk.

él esta lejos

algo no está bien

estoy sola

subo a un avión

atravieso el mundo

para seguir mi corazón


Entrevista en Página12

espectaculos
MARTES, 5 DE ENERO DE 2016
LITERATURA › MARIELA GHENADENIK HABLA DE DESDE EL AIRE, PUBLICADA POR DIAZ GREY EDITORES

Una tragicomedia de locura y desamor

La escritora aborda la compleja relación entre dos veinteañeras que son jefa y subordinada en una oficina. “La novela busca desovillar estas neurosis cotidianas que si las mirás desde la distancia te das cuenta de que son un disparate”, explica.



 Por Silvina Friera
Dos veinteañeras intercambian las empecinadas barajas del destino laboral. Malena revela una cara en la oficina como jefa y escamotea el sufrimiento límite, apuntalado por un precario equilibrio emocional y prácticas sexuales extremas, donde la violencia está a la orden de su rostro prostituido en la noche y de su cuerpo que acumula nuevos moretones con viejas cicatrices. Laura, su asistente, es víctima del maltrato, pedidos disparatados y quejas varias de Malena –como si descargara en su empleada la furia de añejos daños irreversibles–, y padece además por haberse enamorado de su amante y ser la segunda, “la que está al costado de las fotos”, como advierte tambaleando por la cuerda floja de la desilusión. “Si la vida no tuviera música de fondo todo sería menos interesante. Habría menos dimensiones despiertas, no habría nada inspirador, una película vacía, sin claroscuros, sin espesor, sin mirada. Sólo datos, uno después del otro. Sin música, no habría nada que recordar. No habría infancia, ni primer beso en la penumbra mientras los grandes duermen”, subraya lúcidamente la narradora en Desde el aire de Mariela Ghenadenik, finalista del concurso internacional de Novela Letra Sur en 2010. El libro fue publicado por Díaz Grey Editores, editorial independiente de Nueva York ubicada en la emblemática librería McNally Jackson, que cuenta con un catálogo bilingüe en ficción y en poesía que se distribuye en Estados Unidos, Canadá, la Argentina y Uruguay.
“Una comedia triste y sorpresiva, por momentos sórdida, ligeramente introspectiva, ensamblada a través de las pequeñas tragedias de personajes que bien podrían ser como nosotros”, define Félix Bruzzone esta novela de Ghenadenik, “de quien alguna vez se dijera que es el secreto mejor guardado de la llamada Nueva Narrativa Argentina”, entrenada en los talleres literarios de Diego Paszkowski y Ariel Schettini, autora de cuentos publicados en diversas antologías como En celo y De puntín. Y también de una novela aún inédita, Una felicidad posible, “sobre un hombre de familia muy apático que lo único que quiere en la vida es que no lo molesten, un Bartleby contemporáneo que armó una familia por mandato y no sabe para qué”, cuenta la escritora en la entrevista con Página/12.

–”Desde el aire, cada vez más lejos de todo, la distancia es lo única capaz de transformar la realidad”, se afirma en una parte de la novela. ¿Por qué eligió este título?

–La cita del acápite es una canción de Bersuit Vergarabat, “Perro amor explota”, que dice que nadie está a salvo de la locura. Tiene que ver con la locura, con ver la realidad de una manera deformada, con esa deformación que por lo menos la encuentro similar con la locura, ese desfasaje con la realidad y comprender las cosas desde la distancia, o verlas raras o distintas, para bien o para mal. Uno de los grandes temas de la novela es la locura y el otro es el desamor. Hay muchas escritoras que no hablan de “chico conoce chica”, pero cuando empecé a contar la novela y a presentarla en algunos lugares, me di cuenta de que esperaban un poco la literatura vinculada con las historias femeninas.

–¿Qué intenta explorar a través de la locura de Malena?

–La locura es un tema atrapante, creo que es el temor de todos los que estamos “de este lado del mostrador”; por momentos parece muy fácil cruzar esa línea, aunque se supone que no es así. Tiene que ver con explorar un terreno que me resulta atrapante por un lado y que también me da miedo... Quizá la falta de entendimiento y lo que uno quiere, llevada al extremo, puede conducir a la locura. La confusión del deseo, de lo que uno quiere... El temor a la locura pasa por no tener más una brújula, un norte.

–Hay cuestiones vinculadas con la educación judía de Malena, el viaje a Nueva York y ciertos ritos que pueden ayudar a comprender un entorno un tanto rígido y agobiante que pudo contribuir en su desequilibrio, ¿no?

–Tuve mis dudas de incluir estos rasgos, pero no es una novela que toque mucho ese tema. Mi hermano Gabriel es psicoanalista y para construir a Malena, un personaje que me resultaba muy complicado, necesitaba que fuera verosímil y no caprichosa, y lo consulté mucho. Leí bastante para poder mostrarla con la verdad del personaje y poder contar mejor su historia. Como soy judía, me resultaba más conocido ilustrar un trasfondo rígido por ese lado que por otra religión que desconozco. Aunque en mi caso fui criada en una familia progre muy alejada de la ortodoxia.

–¿Por qué la novela despliega una mirada muy crítica y amarga sobre el mundo del trabajo en una oficina?

–Tenía ganas de decir... Trabajé varios años en lugares muy alienantes en los que sentía una asfixia absoluta y esto sí tiene que ver con algo muy autobiográfico, porque me sentía haciendo trabajos absurdos, funcionando en una obligatoriedad de ocho o nueve horas diarias cuando a veces no soy productiva las ocho horas que estoy en un lugar. He tenido jefes muy raros que lo único que lograban es que pensara que era todo una locura. A veces no se sabe para qué se hacen las reuniones, para qué se trabaja, no hay un propósito claro, sino que es la cuestión de ver a todo el mundo sentadito creyendo que eso es productivo. Siempre me llamó la atención el microclima que se genera en una oficina, que se toma como normal. Doy talleres de redacción para que la gente se comunique mejor en las empresas. Muchas veces me llaman para resolver problemas de comunicación y de redacción, y me encuentro con situaciones normalizadas que son muy bizarras.

–Y muy absurdas también, ¿no?

–Sí, la novela busca desovillar estas neurosis cotidianas que si las mirás desde la distancia te das cuenta de que son un disparate. Cuando estás escribiendo una novela, mirás todo desde la óptica de la novela que estás escribiendo, entonces trataba de extrañar la mirada y me preguntaba qué pasaría si toda esta “normalidad” se rompiera y dejara de ser “normal”. Lo tragicómico tiene que ver un poco con mi estilo.

–¿Qué le interesa de lo tragicómico?

–Me parece que es una buena mezcla. La comedia bien hecha me encanta, no me creo capaz de escribir comedia. Ojalá pudiera escribir como Groucho Marx. Me gusta mucho lo absurdo porque es lo que más me hace reír. Y lo absurdo se toca con ambas puntas: la tragedia es absurda y la comedia absurda es lo que más me gusta. Hacer reír a un lector a risotadas me parece fantástico. La tragicomedia es un modo de darle un respiro al lector. No me gusta maltratar al lector ni a los personajes. Una vez un amigo me dijo que yo soy piadosa con los personajes. Y eso es verdad. El humor en la literatura y en la vida es siempre una salida.


Reseña de Desde el aire en Siga al conejo blanco




El punto de vista en la mira
Por Eugenio Polisky


Desde el aire, de Mariela Ghenadenik, plantea desde un principio una especie de diálogo o dúo o duelo entre dos personajes femeninos, Malena y Laura, quienes son, simultánea y consecutivamente, protagonistas de la novela y, a la vez, antagonistas. Se va alternando el punto de vista de un capítulo a otro, focalizando la mirada en uno u otro personaje, mediante una voz en tercera persona que es, también, un eterno presente, con pequeñas intromisiones del pasado y breves focalizaciones en las experiencias de otros personajes menores. Es precisamente esta alternancia del punto de vista el juego básico que presenta la novela, esa mirada “desde el aire”, desde arriba, distanciada, que intenta descifrar los hechos, sin poder penetrar más allá de la superficie: una mirada que sólo logra describir las acciones y ver a veces con ojos de extrañamiento el absurdo de las convenciones dentro de las cuales se desarrolla la vida contemporánea.

La novela empieza in media res: nos zambullimos en una situación desconcertante, hay algo relacionado con la perversión, y cuesta orientarse inicialmente; justamente esta confusión la compartimos con Malena, personaje que vive en lo extremo y goza de poder en su espacio laboral. Por contrapartida, Laura, que aparece por primera vez en el siguiente capítulo, vive una intimidad de sometimiento e incluso su rol laboral, como subordinada de Malena, es uno de docilidad. La mirada va y viene entre estos dos personajes a lo largo del libro, y en este juego de desdoblamiento, de alter ego, una se convierte en una especie de doble de la otra.


Estos personajes se mueven en un mundo cerrado, claustrofóbico, donde cada acción cotidiana se torna en cuestionamiento; están sumergidas en un presente continuo, con una mirada focalizada que se alterna entre la experiencia de una y de la otra, sin llegar a conocerlas plenamente. Porque todo se trata de la superficie, de la mirada, de lo que se ve desde afuera. Los personajes finalmente son signos de interrogación;
tienen la opacidad de lo cinematográfico, donde la información se obtiene exclusivamente a través de la acción, de la observación minuciosa de estas vidas. En este ambiente de lo banal cotidiano, del trabajo en una oficina, está subyacente lo siniestro, la traición y la violencia. Con respecto al trabajo dice “trabajar entonces será competir por no hacer algo y a la vez hacerlo bien”. Es una paradoja, una paradoja enunciada desde la negación, y es justamente esta negación, este nihilismo, lo que atraviesa la trama del libro. Ya al principio dice “nadie la mirará dormir, ninguno de esos hombres […], no será ninguna de esas mujeres […], no habrá nadie”, cerrando de manera casi circular con la negación de estar “en un no lugar, sin tiempo, en un no país, en un no idioma, en un no antes ni después”. El espacio y el tiempo representan la continuidad, y también la nulidad, sin pasado, sin futuro, un eterno presente, fuera del espacio, fuera del tiempo. Es el todo, es la nada. Un transcurrir que también toca lo cinematográfico.


Hay experimentación en la voz narrativa de Ghenadenik, y una serie de imágenes que se llevan hasta el extremo, hasta el absurdo: la imagen puede llegar a ser hiperbólica, se abre como un abanico, una caja china, una muñeca rusa, con la ironía que surge a partir de una voz que narra desde una aparente neutralidad. Como por ejemplo la fila de personas que esperan para subirse a un colectivo “todos tan prolijos y planchados que si vistieran guardapolvos podrían cantar el himno”, o la ironía de la persona que “creía en la delgadez […] con fe evangelizadora”. Lo cotidiano se convierte en asombro.


La novela se abre con un acápite de una canción de la banda Bersuit Vergarabat, que presenta las temáticas que se van a desarrollar, y al final hay una lista de créditos de temas musicales (junto con la mención de un par de poemas de e.e. cummings) que sirven como banda sonora que acompaña al texto, reforzando la idea de lo cinematográfico. Hay un capítulo que transcurre en un albergue transitorio donde se salta de un personaje con el ritmo de un montaje cinematográfico al estilo de Eisenstein; es un clímax, una epifanía. E incluso, en una posterior escena, el desenlace crucial de uno de los personajes es relatado por otro; después de haber seguido las acciones de ambos personajes, ahora sólo podemos conocer lo que ocurre fuera de escena a través de esta voz en off que la narra, volviendo a la idea de lo cinematográfico.


“Cómo decir tiempo de otra manera”, nos cuenta en algún punto la narración, y es precisamente esto de hablar del tiempo, del espacio, de la mirada, lo que propone esta novela. Mirar la vida desde el aire, desde ese otro lugar que también es tiempo, como lo que ocurre al viajar en ese eterno presente que es un avión.

Desde el aire es una historia iniciática donde la mirada lo es todo. Al final de la novela, uno de los personajes que viaja en avión “mira por la ventana: el cielo es de un amarillo pálido”, sabiendo que “desde abajo, seguro se verá radiante”. La experiencia vital cambia según el punto de vista, y este juego de las miradas nos ofrece la posibilidad de ver la vida desde el aire, con su respectivo extrañamiento, o vivirla desde abajo, inmersos en la vida misma. Esas, aparentemente, son las opciones de las que disponemos.


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Reseña de Desde el Aire en CQAP

Dos mujeres en caída libre




Desde el aire, primera novela de la escritora argentina Mariela Ghenadenik y finalista del Concurso Internacional de Novela Letra al Sur, nos muestra un mundo construido desde la neurosis de sus protagonistas.
Por Soledad Hessel para CQAP Contenidos